Un descubrimiento científico en la Antártica occidental está cambiando lo que se creía sobre la historia ambiental del continente. Investigadores hallaron hojas fósiles pertenecientes al género Nothofagus en la Formación Cabo Melville, isla Rey Jorge, lo que confirma que bosques Nothofagus lograron persistir hasta hace 20,97 millones de años, en pleno Mioceno temprano.
Estas evidencias demuestran que la vegetación no desapareció inmediatamente tras la glaciación de la Antártica, como se pensaba, aportando nueva información a los estudios sobre fósiles Nothofagus en la Antártica y la evolución climática del continente.
Un hallazgo que cambia la línea de tiempo de los bosques Antártica
Hasta ahora, la teoría más aceptada señalaba que estos bosques en la Antártica habían desaparecido hace unos 34 millones de años, durante la transición Eoceno–Oligoceno, cuando se formó la capa de hielo permanente. Sin embargo, los nuevos fósiles indican que Nothofagus, un género clave en el hemisferio sur y dominante hoy en bosques de Chile y Argentina, sobrevivió en ambientes tundra mucho después de esa glaciación.
Los registros incluyen hojas fósiles en excelente estado, lo que descarta la posibilidad de que fueran transportadas desde otros lugares. Esto convierte el hallazgo en evidencia directa de que estos bosques Nothofagus existieron localmente.
Refugios glaciares: la hipótesis más sólida
El equipo científico plantea dos posibles explicaciones para la persistencia de estos bosques:
Refugios glaciares locales, pequeñas áreas que quedaron libres de hielo y permitieron la supervivencia de la vegetación durante los períodos más fríos.
Recolonizaciones intermitentes en períodos más templados.
La primera teoría cobra fuerza debido a que las semillas de Nothofagus tienen limitada capacidad de dispersión marítima, lo que hace improbable que los árboles hayan llegado desde otros continentes durante la glaciación en de la Antártica.
Importancia paleobotánica del hallazgo
El continente blanco está cubierto hoy por más del 98% de hielo, dificultando el acceso a restos vegetales antiguos. Por ello, la mayoría de los registros anteriores provenían de polen fósil, material que pudo haber sido transportado por viento o corrientes.
En cambio, estos fósiles en la Antártica, especialmente las hojas fósiles, aportan evidencia irrefutable sobre la presencia de vegetación en el mismo lugar donde fueron hallados.
Este descubrimiento amplía el registro de Nothofagus en la Antártica desde hace 80 millones de años hasta poco más de 20 millones, ofreciendo nuevas claves sobre el proceso de extinción final de la flora antártica.
Una pieza clave para entender el clima del pasado
El estudio combinó datación Uranio–Plomo (U-Pb) en circones y análisis paleobotánicos para precisar la edad de los fósiles y reconstruir el contexto paleoambiental. Sus resultados permitirán mejorar los modelos globales de clima antiguo, aportando evidencia valiosa sobre cómo las plantas respondieron a los ciclos de enfriamiento extremo.




