Denuncian falta de contramuestra y duros procedimientos por brote de Anemia Infecciosa Equina en la Región de Coquimbo
El brote de Anemia Infecciosa Equina (AIE) que afecta a distintas zonas rurales de la Región de Coquimbo continúa generando preocupación y fuertes cuestionamientos al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Familias, criadores y trabajadores del mundo equino denuncian que los actuales protocolos sanitarios se estarían aplicando de forma “abrupta y sin criterios claros”, especialmente por la falta de una contramuestra antes de proceder al sacrificio del animal.
Según los afectados, el organismo está aplicando eutanasia inmediata apenas un caballo arroja un resultado positivo, sin permitir una segunda toma de muestra ni abrir un periodo de verificación. Esta situación ha provocado malestar en comunidades rurales, donde los animales no solo cumplen funciones de trabajo o competencia, sino que también tienen un profundo valor emocional.
Caballos sacrificados y decenas en cuarentena
La controversia se intensificó luego de que se confirmara que, desde el inicio de los primeros casos, al menos ocho caballos han sido sacrificados en la región bajo el protocolo de control de AIE. A ello se suman seis predios en cuarentena y más de 30 caballos bajo restricción sanitaria, lo que ha paralizado actividades ecuestres, ferias agrícolas, crianza y desplazamientos interregionales.
Para los criadores, estos procedimientos están afectando directamente su trabajo y su sustento. Otros denuncian que el proceso se realiza de manera repentina, sin acompañamiento técnico adecuado ni tiempos razonables para que las familias puedan asimilar la pérdida o pedir una revisión del examen.
Testimonios que generan indignación
Uno de los primeros casos que levantó preocupación fue el de un caballo de carrera llamado La Bendición, perteneciente al criador Cristóbal Olavarría. Él relató que la muerte de su animal ocurrió de forma repentina, sin opciones ni explicaciones claras. “Fue terrible, no pude hacer nada. Llegaron, tomaron la muestra y cuando volvieron a la semana en camión, estaban listos para matarla”, afirmó. Olavarría dijo que le informaron que el examen tenía una efectividad del 98 por ciento, motivo por el cual insiste en que debería permitirse una contramuestra para descartar cualquier margen de error.
El domador y cuidador de caballos Julio Valdivia, de Ovalle, también enfrentó la pérdida de dos animales de su corral. Explicó que el procedimiento fue extremadamente duro, tanto en lo emocional como en lo práctico. “Llegan con PDI y Carabineros. No puedes negarte porque te detienen. Ver a un caballo sano subir al camión es como perder a un miembro de la familia”, relató. Además de la pérdida, su predio quedó en cuarentena y varias de sus actividades laborales se suspendieron, generando un importante impacto económico.
En Punitaqui, Bárbara Araya vivió uno de los episodios más conmovedores tras la muerte de su caballo Solito Él. Contó que la experiencia fue devastadora: “Quedé en shock. Entregarlo fue como que me hubieran vaciado un balde de agua helada encima”. Antes de entregarlo, tuvo un momento íntimo con el animal. “Le puse el bozal, le dije todo lo que tenía que decirle y lo entregué.” Sin embargo, lo que más la marcó fue la reacción del conductor encargado del retiro del caballo, quien le dijo: “Ya, si es uno más no más, puedes comprar otro”. Para Bárbara, esa frase fue “inaceptable” y demuestra la falta de sensibilidad con la que se están realizando estos procedimientos.
Impacto emocional y económico en el campo
Para familias que dependen de los caballos para trabajar, movilizarse o participar en actividades tradicionales, la eutanasia sin contramuestra significa un golpe devastador. Además del valor económico del animal, muchas familias apuntan que existe un profundo componente afectivo. En algunos casos, se trata de caballos criados por generaciones o utilizados para el trabajo agrícola diario.
“Se está aplicando un protocolo sin considerar la realidad rural ni escuchar a quienes convivimos con estos animales todos los días”, expresaron algunos afectados.
Controversia por la falta de contramuestra
Los criadores han cuestionado que el protocolo sanitario no permita realizar una segunda muestra independiente antes del sacrificio. Sostienen que, si existe un margen de error, el proceso debería contemplar mecanismos de verificación y alternativas como cuarentenas prolongadas mientras se confirma o descarta el contagio. Afirman que los procedimientos actuales no solo generan desconfianza, sino que provocan pérdidas irreversibles en base a un único examen.
Ante estas denuncias, las comunidades rurales exigen que el protocolo sea revisado, que se incorpore mayor transparencia en los diagnósticos y que exista un diálogo real con las familias afectadas para evitar nuevos episodios traumáticos.








